El Guindilla - Episodio 3
Laura entró en el sex-shop intentando aparentar una ingenuidad que distaba mucho de ser auténtica. De hecho, Laura era una fetichista compulsiva y tenía en su casa, dentro de un maletín, una extensa colección de artilugios de todo tipo, pero era mejor hacerse pasar por un alma cándida que explicar el origen de esta pasión suya por el látex, el cuero, las bolas chinas de todos los tamaños y colores, los consoladores -sus preferidos eran los metálicos a pilas con vibración regulable- , etc.
El pobre Alberto trataba de mostrarle alguno de ellos como si descubriera la sopa de ajo, pero Laura, divertida, intentaba a duras penas no soltar una carcajada ante alguno de los comentarios de él.
En un momento determinado Alberto señaló hacia al fondo a la derecha del establecimiento. No, no eran los lavabos, sino la entrada a las cabinas de exhibición de pelis porno o de chicas en vivo.
Laura pensó que más valía cortar aquello de una buena vez porque dos poderosas razones le impedían a seguir y verse expuesta a una sesión de sexo desenfrenado: tenía la regla y no se había depilado.
A menos que Alberto le gustase la zoofilia, sus peludas piernas no invitaban a muchas fiestas, por lo que dijo a Alberto que le era imposible entrar porque acababa de recordar que aún no había ido al súper a comprar unas cosillas. Laura, salió como una exhalación del sex-shop y se dirigió rápidamente a su casa....
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